118. CONTINUACIÓN
Ambos guardaron silencio por un momento. La mente del señor López seguía trabajando a gran velocidad.
—Si se lo dije —protestó Sofía. — Pero ella me contestó que la única manera de verte era esa, por eso le hice caso de tonta, y fue entonces cuando me empujó en aquella habitación dónde tu estabas, era muy oscuro, no tenía mis espejuelos y la máscara que me puse no me dejaba ver bien.
—¿Y qué hacía yo Sofi? —preguntó el señor López.
—¿Tú? Bueno…, estabas sentado en una silla, mirándome extraño