Catalina Abrego
-Georgina Carranza no te atrevas a dejarme sola –Pero mi querida amiga ni me escucho -¡Ay no!
Una fuerte mano me tomo de la muñeca, conteniendo mi impulso por escapar de esta situación tan penosa, para luego guiándome quien sabe a dónde dentro de la habitación. Escucho solo su respiración justo a mi lado era lo único, porque todo el tiempo permaneció en silencio. Cosa que me enloquecía que permaneciera cayado.
-¡Oye no es necesario que hagas un baile privado para mí!, estoy b