Catalina Monit Stuart Abrego
—Interesante... —murmura Abba, entrecerrando los ojos mientras lleva la taza de café a sus labios. Sin apartar la vista del hombre alto que permanece al otro lado del salón, con una media sonrisa.
—¿Qué es tan interesante?
—Se supone que ustedes dos no se llevan bien, ¿no? Y, aun así, decidió tomarse el día para pasarlo con nosotras cuando debería estar concentrado en alguno de sus casos.
Prefiero no responder. Mastico lentamente el último bocado de mi desayuno,