Mariana Carbajal
El volante vibra bajo mis manos mientras el ruido del tráfico se vuelve ensordecedor.
—Mariana, mírame —dice Valeria, aferrándose al tablero—. Lo tienes, ¿sí?
Asiento, aunque mi respiración es irregular.
—Denn… voy demasiado rápido…
—Escúchame —su voz atraviesa el caos, firme—. Baja la marcha ahora. No frenes de golpe, deja que el motor reduzca la velocidad.
Trago saliva y obedezco. Cambio de marcha. El auto protesta con un tirón brusco, pero la velocidad comienza a ceder… apen