Mariana Carbajal
Me envuelve entre sus brazos, y aunque percibo la rigidez en su cuerpo, el eco de su molestia todavía presente, no me aparta. Y eso, de alguna forma, ya es suficiente por ahora.
Apoyo la mejilla contra su pecho, escuchando el latido firme de su corazón, como si intentara recordarme que, a pesar de todo, sigo teniendo un lugar ahí.
Me permito unos minutos sin preocuparme por lo que pasara luego en la habitación me pruebo la ropa que sus tías me regalaron bajo la atenta mirada de