Catalina Monit Stuart Abrego
Mis padres se quedan en la sala de espera.
Yo no.
Aprovecho ese momento para dirigirme directamente hacia la habitación donde está Mariana. Cada paso se siente más pesado que el anterior, como si algo dentro de mí ya supiera… que no saldré igual de aquí.
Cuando estoy por entrar, me detengo.
Las voces al otro lado de la puerta me obligan a quedarme inmóvil.
—Mariana… —la voz de mi tío Gregory suena firme, pero no dura—. Deja de insistir en complicar las cosas. Afuera