Demian Stuart
Catalina aprieta las fotografías entre sus dedos hasta arrugarlas.
—Nos usaron —dice con frialdad—. Te usaron a ti… y jugaron con nuestro hijo.
Levanta la mirada hacia mí, ya no furiosa, sino peligrosamente calmada.
—Esto no se va a quedar así, Demian. Si creyeron que el miedo nos iba a paralizar, se equivocaron.
Camina hacia el teléfono del escritorio tomándolo luego lo extiende en mi dirección.
—Vas a mover cada contacto que tengas. Abogados, seguridad, prensa si hace falta. —H