Mariana Carbajal
Cierro la puerta detrás de Denn y apoyo la espalda en la madera. No tiemblo. No lloro. Ya no.
Hay dolores que, cuando se repiten demasiado, dejan de doler y empiezan a endurecer tú corazón. Niego con mi cabeza, pero sus palabras se marcan a fuego en mi corazón.
Miro nuevamente la invitación sobre el escritorio.
S & L.
Durante unos segundos considero lo más fácil: no ir. Desaparecer. Evitar miradas, murmullos, comparaciones. Protegerme.
Pero enseguida lo descarto.
No he trabaja