El regreso a la mansión Miller fue como una operación de infiltración militar, pero ejecutada por dos personas que apenas podían mantenerse serias. El sol ya estaba alto y el brillo del mediodía castigaba la fachada de mármol. Lucas estacionó el coche y, antes de que pudiera decir una palabra, Ava agarró su pequeña mochila, me lanzó una mirada cargada de complicidad y pánico, y salió disparada hacia la puerta lateral.
—¡Arréglatelas tú, "hermanito"! —susurró antes de desaparecer por el pasillo