Leo estaba de pie en medio de la habitación, sumido en una oscuridad total. No eran más de las cinco de la mañana, así que el amanecer aún estaba lejos. Su visión ya se había adaptado a la penumbra, permitiéndole distinguir la silueta de Antonella recostada en la cama. Había llegado unos minutos antes, cuidando de no hacer ruido para no despertarla.
Tan pronto como había su vuelo había aterrizado en la ciudad, se había dirigido a casa. Su última misión se había convertido en un desastre bastant