Leo observó en silencio al hombre sentado frente a él, ocupando el lugar que antes pertenecía a Dettori. La pregunta de qué había sucedido con su antiguo jefe cruzó brevemente su mente, pero no le dedicó un segundo pensamiento.
—Tus hombres me dijeron que querías verme —dijo, echando un vistazo a su reloj—. Pero aún no has mencionado el motivo. Tengo cosas que hacer, así que será mejor que te apresures.
El hombre esbozó una sonrisa ladeada.
—Parece que les diste una buena lección a mis hombres.