La brisa del mar acariciaba suavemente el rostro de Antonella, mientras las olas se rompían a escasos pasos de donde estaba. El sol, en su lento descenso hacia el horizonte, bañaba el cielo con una paleta de dorados y rosados que se reflejaban en el agua, creando un paisaje que parecía salido de un sueño.
Una sonrisa se dibujó en su rostro cuando el aroma tan familiar de Leo llenó sus sentidos, justo antes de sentir sus brazos fuertes rodearla desde atrás, atrayéndola hacia su pecho. Antonella