Sienna todavía estaba maldiciendo en voz baja a Kassio mientras llegaba a la pista de entrenamiento. No podía creer que él hubiera tenido la audacia de aparecer después de que le había dejado claro que no quería verlo más.
—Y tenía que verse tan bien como siempre —refunfuño y se levantó el cierre de su mono con más fuerza de la necesaria.
—Supongo que no hablas de mi —dijo Theo, parándose junto a ella.
—Y tampoco de mí —añadió Gaia, uniéndose a ellos.
—¿Entonces quien es el que puso de mal humo