Valeria tomó la mano del valet y bajó con cuidado del taxi. Avanzó unos pasos y se detuvo a admirar el hotel con asombro. La imponente edificación de seis pisos se erguía frente a ella, irradiando elegancia y exclusividad. Era el tipo de lugar al que nunca habría considerado ir de no ser porque la fiesta de Navidad de la empresa se celebraba allí. No quería ni imaginar cuánto costaría pasar una noche en una de sus lujosas habitaciones.
—Es magnífico, ¿verdad? —preguntó Cristina, deteniéndose a s