Estaciona frente a una gran casa de color beige, súper elegante y costosa de paredes altas y divisiones en toda la estructura, de grandes ventanales y un hermoso jardín. Me doy cuenta, porque ese chico se cree la última Coca-Cola del desierto. Es deslumbrante esa mansión, estoy tan distraída que Adirael me palmeó la pierna con su mano grande y áspera, que me hace sentir un corrientazo que viajó hacia la parte interna de mis muslos.
Señor, bendito. Esta tanga no me la pongo más.
—Baja, Sahi — m