Una muy molesta reina caminaba por los pasillos chirriando los dientes. Su hijo se le había vuelto a escapar. Ya la ropa había sido entallada, pero necesitaba una última puesta, solo por si acaso. Si le quedaba grande en alguna parte no faltaría el que hiciera una crítica. Pero que le iba a pedir a su cachorro que era igual que ella cuando era joven.
Ella no había sido la princesa elegante, refinada, hermosa y recatada. Más bien, su esposo, el actual rey la había visto por primera vez cuando el