Clavé una espina en el corazón de Alejandro cuando, imitando a Carmen, me aferré al brazo de Gabriel. "Que les vaya bien a todos" – dije secamente. Desde mis días de estudiante había amado a Alejandro y, aunque él fuera inconstante y mostrara preferencia por Carmen, nunca pensé en rendirme; mientras no mencionara la ruptura, yo seguía siendo su novia oficial. Ingenuamente creí que la persistencia daría frutos, pero hay límites para soportar las decepciones.
—¡No seas terca! —exclamó, pues hasta