Capítulo 5
Qué ridículo, para él, Jazmín era la flor que necesitaba su protección, y yo siempre había sido fuerte, claro.

Si fuera antes, me habría derribado su comentario.

Qué pena, ya no sentía nada ahora.

«Simón, ¿qué te parece mi cambio? En verdad, no tienes por qué darte prisa».

Cuando Jazmín vio que Simón se marchaba sin mirar atrás, saltó de la cama a toda prisa.

Corrió hasta Simón, pero perdió fuerza y cayó delicadamente al suelo y tiró del pantalón de Simón.

Este la miró con desconfianza.

Jazmín r
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