ISABELLA
El aire todavía olía a él. A alcohol, a perfume caro, a algo peligrosamente masculino que seguía impregnado en mi piel incluso horas después.
Abrí los ojos lentamente, desorientada por un instante, hasta que sentí el peso cálido de un brazo rodeando mi cintura y todo volvió de golpe.
Damián.
La noche anterior.
Sus manos.
Su boca recorriendo mi cuello mientras me empujaba contra la pared como si hubiera pasado semanas conteniéndose. La forma en que había dicho mi nombre, grave, ronco, d