ISABELLA
El sonido del golpe no fue lo peor, sino lo que vino después: ese segundo suspendido en el que todo se quedó en silencio, como si nadie supiera todavía cómo reaccionar ante lo que acababa de pasar. Vi a Alessandro tambalearse ligeramente, llevándose la mano al rostro mientras la sangre comenzaba a deslizarse por su nariz.
No lo pensé. Rodeé la mesa y llegué hasta él casi de inmediato, concentrándome en lo único que podía controlar en ese momento. Tomé una servilleta y la presioné con c