Liam se sentía demasiado cansado. Habían pasado toda la tarde y gran parte de la noche anterior revisando la ingente cantidad de cajas con las pertenencias de su madre, hasta por fin terminar con aquello, mientras oían el repiqueteo de las gotas sobre el tejado. En un principio, él se había negado a continuar, dado que le dolía demasiado la espalda; aunque, más que por su propio cansancio, estaba preocupado por el de Denise, quien a la mañana siguiente debía presentarse a su primera —y esperaba