—Me alegra que te estés abocando a la iglesia en estos momentos —dijo Antaine, tendiendo una taza de café hacia Liam, quien se encontraba sentado en uno de los taburetes junto a la barra del bar.
—Solo lo hago porque me ayuda a pensar. Aún no estoy seguro de si pueda volver a creer como lo haces tú o como lo hacía mamá —respondió sin apartar la vista de la servilleta que había comenzado a romper en finas tiras.
—Bueno, pero por algo se empieza, ¿no crees? —preguntó, rodeando el mostrador y sent