Al llegar a la cafetería, miró su teléfono móvil, constatando que había llegado cinco minutos antes de lo acordado. No importaba. Deseaba estar allí cuando su tío cruzara la puerta. No quería andarse con rodeos, necesitaba sacarse aquella maldita duda cuanto antes. No sabía qué haría con la información que obtuviera, pero quería saber dónde carajos estaba el hijo de puta que había contribuido a que ella existiera, el hijo de puta que había destruido a su madre y la había llevado, más tarde o má