Cuarenta minutos más tarde, cuando le dieron el visto bueno para ingresar al país, Liam se encaminó hacia la zona de taxis, acompañado por uno de los empleados de la aerolínea en la que había viajado.
Luego de que el taxista y el muchacho que lo había acompañado guardaran su equipaje en el maletero, Liam se subió al coche y el hombre al volante le preguntó su destino. Él se mordió el carrillo izquierdo, pensativo, antes de suspirar e indicarle la zona en la que sabía que estaba ubicado el depar