Otro mechón cayó al suelo, llevado por el viento. El cabello, como un grillete roto, ya no podía atarme a él. Finalmente, se desmoronó inútilmente en el suelo.
Mis dedos recorrieron las puntas de mi cabello hasta que ya no había nada que sentir. En ese mismo instante, sentí cómo mi corazón también se vaciaba.
En silencio, pensé para mí misma: Qué bien.
Pronto me vería con un nuevo corte de cabello, un maquillaje diferente, una nueva manera de vestir, lista para vivir una vida en la que Carlos