Carlos no dijo ni una palabra.
Se dio la vuelta, de espaldas a mí, y su habitual postura erguida se desmoronó, encorvándose.
Sacó una caja de cigarrillos, y después de dos intentos fallidos, logró encender uno.
El humo rodeaba su cuerpo.
Me ahogué un poco, tosiendo. Si no fuera por el dolor en mi cuerpo, sentiría que todo lo que había pasado antes no era más que una ilusión.
Carlos me miró por encima del hombro, con una mirada llena de odio. Apagó el cigarro con las manos, como si nada, y d