El hombre caminaba a gran velocidad, sin preocuparse por el grupo de personas que lo seguía.
Sara, que estaba gritando apresuradamente pidiendo a su hermano que la esperara, y dos secretarios, los cuales había visto en la oficina de grupo Díaz.
La forma en que se organizaban para viajar era incluso más llamativa que la de Néstor, más imponente que la de un nuevo rico.
Néstor reaccionó rápidamente, me tomó del brazo y me escondió tras él. Se adelantó y, con el pecho erguido, se puso delante de