Carlos giró la cabeza, su mandíbula perfectamente definida, y en sus ojos oscuros brillaba una ligera expectativa: —A partir de hoy, estoy de vacaciones. Durante este tiempo antes del Año Nuevo, tendré tiempo para estar contigo.
Me sorprendió bastante: —¿Dices que estás de vacaciones?
Carlos, con la mirada profunda, asintió en silencio.
Mis manos, que estaban bajo las sábanas, apretaron fuertemente la tela de la cama, y un sabor amargo se instaló en mi corazón. En los años anteriores, cuando