Observé cómo la expresión de Carlos se volvía cada vez más firme. ¿De verdad estaba decidido a defender a Carmen frente a mí?
¿Así que no le importaría ponerme en una situación incómoda por ella?
Bajé la mirada y adopté una expresión seria, levantando mi muñeca con el dorso hacia ellos. —Está bien, primero me pides disculpas.
Carlos frunció el ceño y su mirada cayó de forma ligera sobre la parte superior de mi muñeca. En el siguiente segundo, su rostro se oscureció. —¿Cómo te pasó esto?
Miré