Aunque sus palabras iban dirigidas a Néstor, su mirada estaba fija en mí.
No necesitaba explicarme lo que quería decir. Estaba dejando en claro que incluso ese chico, quien alguna vez había confesado que le gustaba, no era tan sincero como aparentaba. Al final, era igual que él.
Él se acercó a Néstor con una intensidad que parecía aplastante y, en un tono bajo pero cargado de advertencia, le dijo:
—Solo asegúrate de saber qué mujeres puedes tocar y cuáles no.
Le dio unas palmadas en el hombr