Pensaba que ya no sentía nada por Carlos.
Sin embargo, cada vez que me daba de comer en el desayuno, algo en mi pecho parecía oprimirse.
Cuando me llevaba en brazos al baño, volvía a sentir esa presión en el corazón.
Y en la noche, cuando abría las cortinas para mostrarme los fuegos artificiales en la playa, ignorando las llamadas de Sara y abrazándome mientras me decía que en estas vacaciones solo estaría conmigo, sentía cómo mis emociones despertaban por completo con esos pequeños gestos.