Un ramo de gardenias yacía silenciosamente en el centro de un papel elegante de color verde claro, decorado con papel de malla en el exterior.
La tarjeta no tenía firma, solo un mensaje sarcástico: —¿No creerás que las flores son para ti, verdad? Ayúdame a entregárselas a Iván.
Con ese tono, no hacía falta adivinar de quién venían.
Por suerte, la inesperada llegada de las flores de Néstor me sacó de la difícil decisión en la que estaba atrapada.
Sin embargo, Iván pronto me planteó un dilema