- Me duele demasiado el corazón - murmuré, y empecé a llorar. Limpié las lágrimas, sintiendo que no podía soportar tanto dolor. Era demasiado profundo, y no sabía cuánto podría resistir.
-Usted… va a morir así.
Entonces, una voz desconocida habló detrás de mí, y al girarme, me encontré con una anciana de baja estatura que sostenía un bastón entre sus manos.
La mujer tenía el cabello blanco y largo hasta la cintura. A pesar de sus arrugas, conservaba su belleza. Sus ojos azules eran enormes y su