—Eso no borra lo que me hizo… —susurró Lyra, con la voz quebrada, Kilani negó suavemente.
—No —admitió—. No lo borra —se inclinó ligeramente hacia ella y tomó su mano con cuidado, como si temiera romper algo frágil—. Pero tampoco borra lo que tú sientes.
Lyra apretó los labios, dolía.
Todo dolía. Su traició, mentira y el vacío que había dejado la verdad, pero también… ese sentimiento persistente que se negaba a morir.
Lo amaba.
Diosa… lo amaba con todo su ser y eso era lo que más la e