Lo primero que golpeó a Lyra fue el frío, luego movimiento hasta que finalmente algo cálido que la sostenía. Sus párpados se entreabrieron con dificultad, dejando entrar una luz tenue que se filtraba entre los árboles altos del santuario. Todo estaba borroso, como si la realidad aún no terminara de ensamblarse en su mente, pero había algo que sí era claro.
Ese latido justo en su oreja.
Ronan.
Su corazón era lo único que la mantenía anclada mientras el eco de unas palabras seguía repitiéndos