Ronan apareció en medio de la sala con un leve desplazamiento de aire, como si el espacio mismo hubiera sido empujado para permitirle regresar.
La habitación seguía tal como la había dejado.
Destrozada.
Los restos de la silla rota estaban esparcidos por el suelo, la mesa de granito seguía partida en dos y el licor derramado impregnaba el aire con un olor fuerte, pero ahora no estaba solo.
—¡Ah! —el chillido de Lyra rompió el silencio.
La joven estaba cerca de la entrada de la sala