—Vaya… —murmuró con un tono burlón—. Ronan Haro tomándose todo el licor de una botella.
Ronan ni se inmutó, no giró la cabeza, ni se levantó de la silla, y su expresión ni siquiera cambió. Solo llevó la botella nuevamente a sus labios y dio un trago largo, dejando que el alcohol ardiera en su garganta antes de responder.
—¿Qué haces aquí, Cedric? —preguntó con voz áspera—. Te dije que no vuelvas…
Las palabras murieron cuando la figura en la penumbra se movió. El hombre salió de las sombras co