—¿Qué cosa? —cuestionó Ronan cortando la conversación con Cedric.
“Más”
El susurro fue más claro esta vez. Más cercano. No venía del pasillo; venía de dentro de su propia cabeza. Era un eco de la magia que había absorbido en la cabaña, un residuo que no se había ido, sino que se había asentado en ella como un parásito.
Lyra llevó una mano a su sien, intentando calmar la punzada de dolor.
—No… —sollozó.
Cedric se acercó un paso, su expresión de preocupación aumentando.
—¿Lyra? ¿Qué oc