—¿De verdad quieres el divorcio? —exclamó Fred
—Sí, lo quiero. Quiero ser libre de ti, tú nunca me has querido, ni yo a ti, así que es mejor decir adiós. Ya conseguiste tu fortuna, y yo a mi hermano, todo se ha arreglado.
—Pues no, no te daré el divorcio, no hasta que la abuela me demuestre que ya puedo tomar mi herencia, ¿Entiendes? No sé que sucede contigo, menos te irás hasta que no estés sana, no quiero que después, me hagas sentir que soy el culpable de todo esto.
Sarah tocó su cabeza que