Al llegar a la casa de campo, Carolina admiró el lugar, la abuela enseñaba el lugar con gusto y calma a Sarah y al pequeño Finneas.
Cuando la abuela llevó a Finneas a conocer la piscina, Sarah se distrajo y Fred fue a ella
—¿Qué haces aquí? ¿Qué pretendes? Te ayudé un poco, pero no te aproveches.
Sarah sintió que su corazón latía mucho y cruzó sus brazos
—¿Qué te piensas que soy yo? —exclamó
—¿Qué? nada, las pruebas hablan, eres una arribista, ¿Piensas que sacarás dinero de esto?
Sarah sintió r