Sebastián no podía resignarse a perderme. Él estaba muy enamorado de mí, demasiado, hasta la locura. Su amigo, el psiquiatra, le había recomendado, incluso, dejarme. -Esa mujer necesita ayuda urgente, debe estar internada algún tiempo, desvaría y está obsesionada en su marido muerto, no te conviene, le harás mucho daño-, le dijo, cuando Sebas lo llamó pidiéndole consejos para tratar de enamorarme. También llamaba, a cada momento, a Alondra pero mi amiga estaba a la defensiva por todo lo que yo