Brown esperó con una larga sonrisa a Alondra, muy elegante y haciendo brillar sus ojos. La vio tan hermosa, dulce, encantada y mágica, como la recordaba de esa vez que hicimos el encarte de su nieva línea de moda de caballeros. Le dio un besote en la mejilla y mi amiga quedó electrocutada. Jamás imagino sentir los labios de él acariciando sus mejillas. Los fuegos se incendiaron, de repente, en sus entrañas.
Pidieron los mejores platillos de la carta y disfrutaron de una opípara cena, postres