Decidí enfrentar a Waldo en vez de molestarme, cuando él se apareció esa tarde en mi dormitorio, revisando con curiosidad el cajón donde guardaba mis calzones y pantimedias. Me recosté a la puerta, crucé los brazos y alcé mi naricita. -Si te hubiera visto mi marido te habría dado tal paliza que no te dejaba ningún hueso sano-, le dije muy seria.
-Yo ya estoy muerto, no hubiera tenido dolor alguno je je je-, sonrió Waldo mientras sacaba una de mis tangas, sujetándolas con cuidado, haciendo