Sebastián presionó al psiquiatra Stanislao Newis pra que vaya a verme. Sebas estaba seguro que esa supuesta demencia mía, sería mi talón de Aquiles para que yo termine siendo suya. Consideraba que debido a mi trastorno por mi marido muerto, no lo quería ni lo deseaba y que, al superar ese problema mental, terminaría por aceptarlo.
-Debo jugar todas mis cartas-, dijo optimista Sebastián, pero a Newis no le hacía gracia. -No es fácil ir y decirle a una mujer que está loca y que debe iniciar un