Alondra tocó varias veces el timbre, incluso con mucha persistencia e ira ira, tanto que relampagueó en toda la casa.
Escuchamos la voz de una mujer. -Ya voy, ya voy, ya voy, ¿por qué tanta insistencia?-, estaba ella molesta. Se abrió una pequeña ventana en el portón y apareció una naricita afilada y unos ojitos celestes muy lindos. -¿Qué desean?-, estaba ella, sin embargo, muy molesta.
-Queremos hablar con Jeremy Darrow-, cruzó los brazos Alondra. Yo me agazapé detrás de los hombros