Palacios no dejaba de reír, incluso se mecía jocoso y divertido en su silla. Se ahogaba por la risa, además, y las lágrimas estallaban en sus ojos.
-Es lo más chistoso que he escuchado en mi vida, señoritas-, decía el jefe de la policía entrecortado por las carcajadas. Alondra y yo estábamos azoradas sin saber qué hacer con nuestras manos, rojas como tomates, soportando las risas irónicas de Palacios.
-Darrow murió, se estrelló con su carro, ese sujeto está cinco metros bajo tierra ja ja