Por la noche enfrenté a mi esposo. -A ti te mataron por andar coqueteando con otras mujeres-, le dije molesta. La palabrita esa, celos, seguía taladrando mi cráneo y me sentía muy incómoda y frustrada, decepcionada incluso.
Rudolph se molestó conmigo. -No, Patricia, yo no te he traicionado ni con el pensamiento, lo único que te oculté fue lo de las apuestas en los casinos, pero no era gran cosa, solo gasté un poco de dinero para divertirme, eran unas deudas manejables-, me recordó.
Eso m