Calia, estaba sentada en el borde de la cama que compartía con el alfa, esperando a que Aleckey cruzara la puerta. Apenas lo vio entrar, sus ojos se clavaron en él con una mezcla de ansiedad y desesperación.
—¿Han encontrado algo? —preguntó sin rodeos, su voz firme pero cargada de una preocupación apenas disimulada.
Aleckey se detuvo en seco, sus ojos verdes reflejando un cansancio que no intentó ocultar, ya que incluso él ha estado uniéndose a la búsqueda de las monjas perdidas.
—No —respondió