Calia jadeaba, su cuerpo aún tembloroso tras el orgasmo que la había sacudido. Se encontraba sobre el regazo de Aleckey, todavía con él enterrado en su interior, sintiendo cada pulsación de su miembro que parecía negarse a ceder. El rey alfa distribuía besos por su cuello con una mezcla de ternura y posesividad, y luego mordisqueó suavemente la marca en la base de este, haciendo que un gemido ahogado escapara de los labios de su luna.
—¿Por qué te deseo tanto? —murmuró Calia entre suspiros, con