69. El futuro es incierto.
—Señor Belucci — se disculparon algunos de los provincianos que se dieron cuenta de su presencia; sin embargo, el hombre solo movió sus cabezas y se dirigió hacia su auto.
Esa afrenta por la cual le habían hecho pasar a su familia y a su hijo, era algo que pensaba cobrarles, tanto a los Wolfang cómo a los Vangelis, pero no todavía. Lo primero era ver cómo ayudar a su hijo a volver a ser él mismo.
—¡A la mansión!— le ordenó a su chófer quien arranco el auto que pasó a unos escasos centímetros de